El año 2.005 fue el Año Quijote. De hecho, fue uno de los años más insistentes en cuanto a Ensalzamiento del Gran Hijo de España que Fue Miguel de Cervantes. Y en mi caso, siendo alcalaína, lo sufrí por duplicado. No tengo nada en contra de un jran escritor muerto hace ya unos cuantos siglos, y no dudo de la calidad literaria de su obra, pero jamás he sido capaz de leer entera la primera parte de El Quijote. A todo el mundo le sorprende que llegue a un punto en el cual, sencillamente, me aburro. Sin embargo, la segunda parte me pareció estupenda.

En su día, el Ayuntamiento se puso realmente pesado con el tema, hasta llegar a la exasperación. Incluso llegó a distribuir camisetas. A mí me llegó una by the face que en su día me pareció muy apropiada, y es la que está aquí al lado. El eslogan se lee mal, pero dice Yo sobreviví al Año Quijote. No es bonita ni nada, pero es de algodón y no ha perdido color en todo este tiempo. Ahora, tras casi cuatro años, está cedida por todas partes. Vamos, que es más cómoda que casi cualquier otra prenda que tenga. Y por eso me gusta.

Ki, por supuesto, odia a muerte a la dichosa camiseta. Casi tanto como a la sudadera viejuna que guardo por ahí (esa sí que es viejuna, tendrá como unos 10 años). Estoy segura de que, si un día lo dejo solo cinco minutos y encuentra la camiseta a mano, la hará desaparecer.

Sin embargo, Thor adora la camiseta. Eso significa que, cada vez que la ve a mano, salta, la secuestra y se la lleva consigo. El objetivo es calmar el dolor de dientes mordisqueándola y babeándola.

He de decir que, hasta el momento, la camiseta ha aguantado, y todavía no tiene agujeros. Va a ser más dura de pelar de lo que pensaban Ki y Thor. De momento me voy a vengar de Thor, que es el único agresor por el momento de mi pobre camiseta: hoy le toca segunda vacuna del moquillo y revisión testicular.

Vamos, que lo van a pinchar en todo el cuello mientras le aprietan los huevos.